El agua, fuente de vida

Consejos sobre hidratación (que no se los lleve el agua)

El agua, fuente de vida
El agua, fuente de vida

“El alcohol es malo, pero el agua es aún peor: si no bebes agua te mueres” la frase, tan clara como irónica, es anónima. La tomamos prestada, con las disculpas correspondientes, pues sirve a la perfección como introducción a esta afirmación: el agua es mortal pero no en presencia, sino en ausencia, lógicamente.

Somos agua

¿Por qué es tan importante beber abundante cantidad de liquido y, en tanto, tan peligroso no consumir las medidas que se recomiendan? Vayamos de lo general a lo particular: el cuerpo humano esta constituido en dos terceras parte por agua, naturalmente los líquidos se pierden ante cualquier esfuerzo que el hombre efectúe y en consecuencia deben ser repuestos de forma casi constante. Un adulto suele requerir dos litros de agua al día para mantenerse sano aunque, en muchos casos, se pueda prevalecer con menor cantidad de líquidos. Como vemos, sin agua no existe posibilidad de que haya vida alguna.

El vacío parcial de agua y sales que se produce en el organismo recibe el nombre de deshidratación. Se trata de un problema serio que puede causar la muerte. De hecho en países con escasos recursos naturales el índice de bajas por deshidratación es alarmantemente serio y condenadamente triste si pensamos en el despilfarro que muchos hacen del agua.

El consumo de agua contribuye, además, a mejorar el rendimiento del organismo en muchos niveles diferentes. Hagamos un repaso: beber agua ayuda a cuidar la piel (se eliminan toxinas) y mantenerla humectada; facilita la digestión; disminuye las posibilidades de padecer problemas cardiacos; también reduce las probabilidades de contraer cáncer (especialmente de vejiga y colón); es ideal para quemar calorías (todas las dietas incrementan notablemente la cantidad recomendada de líquidos a consumir).

Como vemos, beber agua es indispensable en cualquier sentido. Y si bien por necesidad y porque el cuerpo, naturalmente, la demanda, todos ingerimos líquidos. No obstante, es necesario incrementar, en la medida de lo posible, las cantidades. No sólo se debe beber agua cuando se tiene sed sino que es preciso, además, marcarse como hábito el consumo diario de al menos dos litros y media de agua saludable. El cuerpo nos lo agradecerá.

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