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Síntomas y tratamiento del ojo seco

ojo-secoEl ojo seco o queratoconjuntivitis sicca es una de las patologías más frecuentes en oftalmología, probablemente la más habitual. De hecho, los estudios publicados coinciden en que el ojo seco tiene una prevalencia de entre un 10 y un 20% de la población adulta en el mundo, aunque estos datos son difíciles de precisar ya que los síntomas de esta patología pueden ser inespecíficos y muchos pacientes no acuden al especialista a solicitar tratamiento.

Algunos de estos síntomas, que son muy comunes entre la población de más de 40 años, podrían ser sensación de picor, dificultad de abrir los ojos por la mañana o sensación de arenilla. Estos síntomas son las señales de alarma que lanza nuestro sistema visual para avisarnos de que la lubricación de nuestro ojo se puede encontrar disminuida o, incluso, francamente comprometida. Hoy en día, con el uso de ordenadores y otros dispositivos electrónicos que reducen la frecuencia de parpadeo, el ojo seco es una afección que se presenta en gente cada vez más joven. Así, hasta un 35% de las consultas que se atienden en los servicios de oftalmología tienen alguna relación con esta patología.

La calidad de vida del paciente con ojo seco se ve afectada en función de la severidad de la dolencia que puede causar, desde leves molestias hasta incapacidad para desarrollar la vida diaria e, incluso, en casos muy severos, riesgo de perforación ocular.

Existen muchos tratamientos para el ojo seco que el oftalmólogo aplicará en función del origen de la patología. Lo primero que hay que hacer es eliminar los factores agravantes, como el exceso de horas ante el ordenador, las calefacciones… Las terapias más habituales son aquellas destinadas a hidratar la córnea mediante lágrimas artificiales en diferentes concentraciones y con componentes distintos. Estos fármacos suplen a las lágrimas que el paciente produce en menor cantidad o con menor calidad. Hay otros tratamientos que estimulan la producción de lágrima (secretagogos), otros son antiinflamatorios, inmunosupresores y sustitutivos biológicos. Los casos más graves pueden llegar a necesitar tratamiento quirúrgico.

Cada uno de estos tratamientos es efectivo en función de la severidad del ojo seco. En la gran mayoría de los pacientes, el especialista es capaz de mejorar sensiblemente la calidad de visual del paciente y, por tanto, su calidad de vida.

 

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Vigila tu retina

retinopatiaA partir de los 55 años, el 30% de la población sufre alguna patología retiniana.

Según datos de la Sociedad Española de Retina y Vítreo, el 4,6% de los españoles (más de 2.155.000 personas) padece una enfermedad de la retina y, a partir de los 55 años, el 30% de la población sufre alguna patología retiniana. Las enfermedades de la retina más comunes son la DMAE (degeneración macular asociada a la edad), la retinopatía diabética (con una de sus principales complicaciones, el edema macular) y las derivadas de la alta miopía.

DMAE, primera causa de ceguera en España

La DMAE es una enfermedad que tiene un altísimo impacto sobre la población y constituye la primera causa de ceguera legal en España. Esta patología puede provocar un deterioro importante de la calidad de vida del paciente en apenas ocho semanas.

Hasta hace poco, todos los tratamientos para combatir el avance de la DMAE eran prácticamente paliativos pero, desde hace unos años, los retinólogos disponen de los denominados fármacos antiangiogénicos que, en la mayor parte de los casos, permiten frenar el avance de la enfermedad, aunque no suele recuperarse toda la visión perdida. Por esta razón es tan importante comenzar el tratamiento ante los primeros síntomas.

En Clínica Baviera ponemos al alcance de los pacientes los últimos tratamientos en materia de DMAE, sin demoras y sin listas de espera.

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Cuida la salud de tus ojos

¿Con qué frecuencia me debo revisar la vista?

revision en clinicas de oftalmologiaLa visión es uno de los sentidos más importantes para el ser humano. Gracias a nuestros ojos, podemos percibir los colores, conocer los objetos, interactuar con el mundo que nos rodea o disfrutar de una obra de arte o de una puesta de sol. Sin embargo, la mayor parte de las personas no les prestan a los ojos la atención que merecen. De hecho. Menos de un 10% de los españoles revisa su vista habitualmente.

Las revisiones oftalmológicas representan una garantía para la salud de los ojos porque muchos de los problemas oculares que provocan la pérdida de visión o incluso ceguera (hasta un 75% según la Organización Mundial de la Salud) podrían ser prevenidos o tratados si se diagnosticaran de forma precoz. Pero, ¿cuándo tenemos que comenzar a revisarnos la vista y con cuánta periodicidad debemos hacerlo?

Los expertos de Clínica Baviera aconsejan comenzar a revisar la vista cuanto antes, especialmente en el caso de los niños. Hasta los cuatro años, los pediatras controlan la evolución general de los niños. A partir de esta edad, siempre que no se observe ninguna anomalía previa, debe ser el médico oftalmólogo el que realice los controles visuales con una periodicidad anual. Desde los 18 hasta los 40 años, las revisiones pueden realizarse cada dos o cuatro años, lo que permite valorar la función visual general.

Entre los 40 y los 65 años son recomendables las visitas de control oftalmológico de forma bianual. A estas edades son extremadamente importantes los controles de la tensión intraocular, sobre todo para vigilar la posible aparición del glaucoma. A partir de los 65 años, las revisiones deben ser anuales porque es en este momento cuando comienzan a manifestarse los problemas visuales asociados a la edad, como las cataratas.

Una vez detectado cualquier tipo de problema visual, el equipo de especialistas en oftalmología de Clínica Baviera pondrá a disposición del paciente un amplio abanico de técnicas de vanguardia para frenarlo o eliminarlo.

 

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EL GLAUCOMA, UNA ENFERMEDAD SILENCIOSA

El diagnóstico precoz y el tratamiento inmediato son fundamentales para controlar esta enfermedad

El glaucoma afecta a cerca de medio millón de españoles, aunque el carácter asintomático de esta enfermedad provoca que la mitad de los casos no hayan sido diagnosticados. La comunidad oftalmológica estima que un 2% de las personas mayores de 40 años padecen esta dolencia, incrementándose el riesgo de desarrollarla a edades más avanzadas.

Tras la diabetes, el glaucoma está considerado como la segunda causa de ceguera evitable en países industrializados y afecta a más de 60 millones de personas en el mundo. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por el daño en el nervio óptico secundario provocado, en un alto porcentaje, por el aumento de la presión intraocular. El deterioro progresivo de las fibras del nervio suele conducir a la pérdida del campo visual y, en los casos más graves, a la ceguera.

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En la gran mayoría de los casos, el glaucoma es asintomático hasta fases avanzadas cuando ya se ha percibido una pérdida importante de visión, sobre todo de la visión periférica (lateral), que es la que primero suele verse afectada. Por esta razón, es fundamental que las personas con perfiles de riesgo, como los pacientes con antecedentes familiares, diabéticos, personas con miopía elevada y los mayores de 50 años se sometan a revisiones oftalmológicas periódicas.

El protocolo médico para detectar un posible caso de glaucoma es sencillo. Consiste en realizar una medición de la presión intraocular del paciente a través de una tonometría de no contacto, una prueba indolora y cuya duración no supera los dos minutos.

Teniendo en cuenta que el daño que produce el glaucoma es irreversible, cuanto antes se realice el diagnóstico y se instaure el tratamiento oportuno, mejores serán los resultados. Aunque no existe cura para el glaucoma, sí podemos frenar su progresión, mitigando el deterioro progresivo del nervio óptico y la pérdida del campo visual mediante la reducción y el control de la presión intraocular.

El tratamiento de esta enfermedad depende del tipo de glaucoma al que nos enfrentemos y de las causas del mismo. No en todos los casos existe un tratamiento curativo, pero un seguimiento y un control adecuados, con un cumplimiento estricto del tratamiento médico con colirios (monoterapia o politerapia), pueden estabilizar la enfermedad. El tratamiento médico puede completarse con intervenciones quirúrgicas (con láser o cirugía tradicional) con las que se consigue frenar las lesiones en el nervio óptico y en la retina.

 

 

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